Cuerpo Ebro, el río libidinal

el-riu-libidinal

info

El artículo original de Anna Zaera se publicó en VilaWeb el 15 de septiembre de 2025. La copia en esta web es mi archivo personal.

El río todavía sufre la política de embalses que lo interceptan, impidiendo que los sedimentos lleguen al final del curso, hecho que amenaza la supervivencia del delta.

Esta semana se celebran veinticinco años del nacimiento de la Plataforma en Defensa de l’Ebre, el movimiento social que frenó un gran plan de trasvase de agua del río. El Ebro se mimetizó en una riada de cuerpos humanos, todos con camisetas azules, gritando “somos riadas de ilusión”. Miles de gotas de agua de todas las edades y condiciones en defensa del río y del delta. Este artículo no es un repaso histórico de estos veinticinco años —lo podéis leer aquí—, sino un intento de pensar el río como un cuerpo vivo, maltratado o expoliado, que quizá no acabaremos de conocer nunca, pese a la estrecha convivencia.

Ya estamos en el año 2025 y visito la exposición del artista Marco Noris, hecha con la psicoanalista Celeste Reyna en el Centre d’Art Lo Pati, que lleva el nombre de “Cuerpo Ebro”. Han pasado veinticinco años y yo tengo ganas de pensar qué significa para mí este río que da nombre a mis tierras. Cómo lo he vivido, cómo me ha cambiado el cuerpo o cuáles son sus atributos de corporeidad. Si es materia o modifica la materia a su paso. Tengo recuerdos de contacto directo, a pie de agua, pero sobre todo lo percibo como una presencia permanente e indirecta. El pintor Leonardo Escoda o la poeta Zoraida Burgos decían que el río les había impreso un carácter, igual que el viento de arriba. Aquel elemento natural que siempre está ahí, que observamos muchas veces desde la distancia de un puente o desde el coche cuando lo recorremos a la velocidad del vehículo. Con más caudal o con menos, con lodos o enfangado. Como lo descubre mi hija de un año y medio, que siempre que lo ve, grita: “¡Piscina!”. Cómo sería él o ella, río, si fuera un cuerpo. Nosotros lo conocemos en su tramo bajo, ancho y sereno, a la altura de Amposta o por Tortosa, como un viejecito con bastón que se acerca al juicio final. Quizá no lo hemos visto nunca jovial e infantil, en su nacimiento, en Cantabria, donde es virgen de todo y no sabe qué aventuras y alianzas le ofrecerá el destino. Ni qué tierras o basuras recogerá. Gracias al título de la exposición, pienso en un cuerpo que carga ciclos y etapas.

Marco Noris, quizá con la pulsión de conocerlo bien, se propuso caminar todo el curso del río Ebro en una travesía que finalmente duró ochenta días. Desde mayo hasta julio. Desde su nacimiento en las fuentes del Híjar, en la sierra de Peña Labra, hasta llegar al delta del Ebro. Una experiencia artística y corporal. Cada paso, un cuerpo. Cada día y cada noche, un cuerpo. Nos explicaba el artista que, aunque él venía del mundo de la pintura, en los últimos años caminar se había convertido en una manera de conocer el territorio desde una escala real y aceptarlo en su belleza o en su fealdad. En una época en que no existe una relación con el territorio a través del cuerpo que no sea por deporte u ocio, que alguien decida mirar el territorio —y el río— de cerca y a través de un recorrido de 1.200 kilómetros es poco habitual. Vemos, en un registro visual que ha hecho en forma de diario, las diferentes etapas del río, los pueblos y paisajes que encuentra en su recorrido. Cómo el río atraviesa montañas verdes, embalses oxidados, tierras áridas, polígonos industriales, lugares que han quedado deshabitados o que se han superpoblado. Todavía ahora me resulta fascinante saber que más allá del Baix Ebre, de las Terres de l’Ebre o de la Ribera d’Ebre hay toda una serie de topónimos que llevan su nombre y yo no he oído nunca. Parientes de río, decía la cantautora Montse Castellà recorriendo con la piragua las aguas de norte a sur.

Me viene a la cabeza la idea de que el río es un río libidinal. Despierta nuestro deseo de comunión, de profanación, y también nuestra voluntad extractivista. En psicoanálisis, la libido es aquella pulsión que nos impulsa a querer incorporar un objeto. El objeto del amor. La energía fundamental de todas las expresiones de placer y autoconservación. Este diálogo es de doble dirección. El río parece que actúa como un cuerpo y también se contagia y se deja contagiar por las mismas sensaciones que tiene un cuerpo humano. Un cuerpo enfermo, un cuerpo contaminado, un cuerpo que recibe, un cuerpo que solo da. Noris nos ofrece en esta muestra su testimonio de transferencia y contratransferencia. Cómo su estado de ánimo de caminante también experimenta diferentes emociones, casi siguiendo las etapas vitales del río. Desde la jovialidad inicial, llena de deseo y expectativa, hasta la apatía —o la disminución de la libido— de atravesar muchos kilómetros con un paisaje árido y uniforme. Cómo el deseo se apagaba o resurgía cuando aparecían cambios en el paisaje o expectativas de recompensa. Cómo en los tramos donde hay más extractivismo —industrias, polígonos y empresas— el hecho de caminar se hacía pesado y desalentador. El cuerpo del caminante revelando el cansancio del río.

El río tiene memoria y sabe que en el año 2000 Aznar había ganado las elecciones, por mayoría absoluta. En 2001 se aprobó el Plan Hidrológico Nacional, diseñado por el ministro de Medio Ambiente de entonces, Jaume Matas. El proyecto consistía en trasvasar agua del Ebro hacia Barcelona, el País Valenciano, Murcia y Almería. Eran momentos álgidos para la construcción, se hablaba de parques de atracciones, de Terra Mítica, de los campos de golf, de un País Valenciano faraónico que veía en el agua el principal recurso para hacer girar la máquina de hacer billetes. El PP emitía un mensaje de júbilo: “Agua para todos.” El río Ebro avistaba el punto más álgido del extractivismo fluvial. Y es en aquel momento cuando la gente del delta, garantes de uno de los ecosistemas más frágiles de Europa, decidieron organizarse para poner el cuerpo en defensa del río. Cuerpo y río, río y cuerpo, se convirtieron en una alianza que ahora se conmemora.

El río todavía sufre la política de embalses que lo interceptan impidiendo que los sedimentos lleguen al final del curso, hecho que amenaza la supervivencia del delta. Uno de los mensajes más repetidos es que la lucha no ha acabado. El agua vuelve a estar en el centro de nuestras preocupaciones, y más en un contexto de escasez de agua. Noris nos inspira un deseo de redescubrimiento, que va más allá del aprovechamiento. Queremos mirarlo desde la proximidad, desde una distancia corta que permita el reenamoramiento. Como observar el color de sus aguas, las diferentes tierras y minerales que reúne. Cómo su agua sirve para pintar una acuarela, cómo unos pececitos muerden la piel humana de quien osa sumergir en él las piernas.

Este acto de celebración mismo, estos veinticinco años, significan volver a firmar el deseo de defenderlo. Refundar la libido y que el compromiso pase a las siguientes generaciones. Recordar a aquellos activistas jóvenes que ahora ya tienen cabellos blancos. Conmemorar los cuerpos que luchan y el cuerpo de Ebro. Pensar en las materias que morirán y en las que sobrevivirán.

Anna Zaera, 2025. Artículo original: Cos d’Ebre, el riu libidinal en Vilaweb.