Dues mirades a la frontera

dominical-cover

info

Texto original de Matías Crowder, en castellano. El reportaje se publicó en catalán en el Dominical del Diari de Girona el 18 de marzo de 2018: Dues mirades a la frontera. La copia en esta web es mi archivo personal.

Cayetano Martínez ha fotografiado y documentado todos los mojones de la frontera entre España y Francia que hay en las comarcas gerundenses; Marco Noris ha convertido estas marcas en el material de base de su proyecto artístico.

Guiados por el ansia de conocimiento o impulsados por el deseo de expresar a través del arte la fusión de historia y paisaje, caminos paralelos llevan a Marco Noris y Cayetano Martínez a recorrer los mojones de la misma frontera, la de los Pirineos en las comarcas gerundenses. Marcas fronterizas que recorren sus picos, penetran en sus bosques y figuran hasta la más perdida e inexorable cueva.

Rastrear los mojones no es tarea fácil. Para los protagonistas de este reportaje, será una lucha contra las condiciones adversas de un paisaje único, el Pirineo gerundense, y un camino interior que los cambiará como personas. Contienda que los sumerge en una verdadera aventura tras su pista.

Al lado de viejos búnkeres, en medio de pueblos fronterizos, o enterrada bajo la maleza, la piedra de los hitos fronterizos, con el paso de las décadas, es testigo de batallas, del paso de las tropas republicanas que huían del franquismo, de la historia del exilio de miles de refugiados. La frontera pronto se vuelve inmaterial, cargada de leyendas que se perpetúan en el tiempo. Marco Noris y Cayetano Martínez recorrerán los caminos uniendo mojones y reformulando la realidad de la frontera.

Arte en la frontera

La experiencia será intensa, físicamente dura. Aspereza que empezaría para el artista italiano, residente en Barcelona, Marco Noris (Bérgamo, 1971), en la misma organización del proyecto. No se trata solo de planear una travesía por la montaña (de Andorra a Portbou, en su caso), con sus problemas de avituallamiento, también se trata de hacer posible la creación de 200 pequeñas pinturas al óleo —técnica que necesitaba días de secado—, y hacerlo siguiendo pautas que no se pueden controlar, como el lugar y el momento en el que pintarlas. Resolver el transporte y el apoyo, reducir el peso y el volumen, limitando al mínimo la intervención del exterior, para que la experiencia no pierda el sentido, será esencial para el inicio de la aventura.

La idea que guía a Noris es la continuación de un trabajo sobre el tema de la memoria histórica, exilio y migraciones, en que ya usaba el paisaje como escenario y como frontera, como lugar de paso entre la realidad física y emocional. Homenaje a la vez hacia los inmigrantes que cruzaron y siguen cruzando fronteras en busca de una vida mejor o por la misma necesidad de sobrevivir. Casi 300 kilómetros de frontera es toda una peregrinación desde las alturas hasta el mar, en que el artista se convierte en tabula rasa.

Ya en la frontera, el ritmo de trabajo es tan intenso que Marco Noris necesita combinar la pintura con el dibujo para conseguir respetar el calendario que se ha marcado. El trayecto está programado al detalle para las condiciones logísticas. Le acompaña Amaranta Amati, guía de montaña que le ayuda en la planificación del recorrido, organizando el calendario y la comida. Comen poco, lo que pueden llevar con ellos, frutos secos, pasta y arroces deshidratados. Duermen a la intemperie allí donde llegan antes de que se haga de noche; también pernoctan unos días en un camping de Puigcerdà, pasan unas noches en pensiones del Pertús y Portbou, y cuatro noches en refugios.

Siguen la línea de la frontera, a menudo por pequeños senderos o fuera de ellos; se cruzan con muy poca gente. Solo las especies de animales les hacen compañía: muflones, marmotas, zorros, corzos, jabalíes, cabras, ovejas, vacas… La travesía permite recorrer una gran variedad de terrenos, atravesar pequeños senderos, pistas forestales y costas abruptas. Cruzan campos, suben altas montañas y recorren muchos bosques, hayedos, pinares, matorrales, robledales.

La frontera por la cual transcurren está empapada de historia. La de centenares de miles de personas huyendo de la barbarie fascista, como el sufrimiento en los campos de concentración de Argelès y Ribesaltes. La niña sin pierna del monumento en la Vajol, la historia romana en sus vestigios en el Pertús y Costoja. El final dramático de Walter Benjamin en Portbou y las trazas de rituales paganos y fábulas de l’Alt Empordà. Los cantos antifascistas de los supervivientes de la Brigada Mixta N.143 en Bourg-Madame, la emboscada franquista a unos maquis en el Pla de Collants. La historia de Quico Sabaté y su ruta por el Hostal de la Muga. Los antiguos oficios, la desaparición de la cultura rural y la aparición del turismo invernal, la transformación del contrabando en la compraventa de alcohol, tabaco y sexo en el Pertús…

«Podría continuar describiendo vidas, hay muchas capas de historia en la frontera, recorrerla ha sido de alguna manera como transitar por una película, un viaje en el tiempo desvelando capas y capas», asegura el artista. «En las fronteras se visualizan los dramas y las contradicciones de nuestro mundo, así como la hipocresía y pequeñez de los poderes políticos y económicos. Pero mirando con otro punto de vista y pensando en los Pirineos, los puertos de montaña han tenido también la función de paso de personas, ganado y mercancías; la frontera siempre ha sido lugar de encuentro, intercambio y colaboración. Queriendo, la frontera podría ser mestizaje y no exclusión».

Refugiados en la tormenta

El decimocuarto día de travesía, bajando desde el Pla de les Maçanes por un bosque fuera de sendero, se ven atrapados por la tormenta. Completamente empapados, entre zarzas y maleza, consiguen encontrar refugio en las ruinas del Hostal de la Muga, un tétrico edificio que transpira historia por cada piedra. Allí, entre escombros, tienden la ropa e improvisan una hoguera.

«De repente, durante unas pocas horas, nos convertimos en refugiados, en el sentido más puro, sin móvil ni GPS, completamente aislados, la realidad nos obliga a la puesta en escena de lo que estábamos homenajeando. Aquel día cruzamos la frontera entre lo salvaje y lo civilizado. Mundos paralelos a pocos kilómetros que no llegan nunca a tocarse. A pesar de todo lo que haga el ser humano para intentar protegerse, lo salvaje sigue muy cercano, lo llevamos dentro».

La experiencia supone además un verdadero máster de montañismo para Noris, que sale de Barcelona sin ni siquiera saberse poner la mochila y llega al último día guiando a un pequeño grupo a través de la tormenta. Las vacas, siempre tan quietas y tranquilas, resultan un gran ejemplo en los momentos más difíciles. «Sé vaca», se dice a él mismo el artista. «Si pueden ellas, ¿por qué tú no?». Casi al final del recorrido, Noris encuentra una muela de vaca que le parece un gran premio de aprendizaje. Desde entonces lo tendrá en su mesa de estudio para que no se olvide: «Sé vaca, Marco, sé vaca».

«Fue un proceso de desprendimiento, renuncia y transformación. Salí de Barcelona el día del atentado (17 de agosto de 2017), con mucho estrés y dolor; abandoné mi identidad por las crestas de Núria, me convertí en montaña y frontera, me transformé en el terreno que estaba pisando y llegué al mar en silencio». El viaje se convierte en un camino interior. «Hay muchas fronteras, una por cada lugar y una por cada persona que la cruza; el concepto de frontera es amplio como cada una de ellas, no puedo cambiar una cosa cambiando, pero pude enriquecer mi idea de ella, darle una cara más, la mía».

Llegado al final del recorrido, todavía queda el más difícil de los mojones por retratar. El que se encuentra en la Cova Foradada. Noris decide hacer el viaje en barco, único medio de acceso. Allí, sin dudarlo, se lanza al agua y entra nadando, cargando el material para pintar en una mesa de natación. Ya en la cueva, sobre una roca, temblando por el viento frío de la tramontana, pinta el último mojón del viaje.

El camino, recorrido el verano de 2017, dio su fruto: un total de 212 cuadros, de los cuales 82 son óleos, 9 técnicas mixtas y 121 dibujos. Ya han sido expuestos en el Museu Memorial de l’Exili (Mume) de La Jonquera y continúan en el presente su periplo en muestras y exposiciones. Marco Noris prepara una publicación producida por La Capella, Institut de Cultura de Barcelona, publicación que será presentada en abril junto con las piezas realizadas en el camino.

Atraído por la frontera

Para Cayetano Martínez (Girona, 1969) todo comenzó el verano de 2013, cuando se encontraba en la playa leyendo un libro sobre el pueblo de Portbou. Entre sus páginas, le despertó la curiosidad una fotografía de un enigmático número bajo una cruz, grabados en una gran piedra de la montaña bajo la cual se encontraba en aquel momento. Resultaron ser unas marcas que forman parte del amojonamiento de la frontera hispanofrancesa, desde el mar Mediterráneo hasta el mar Cantábrico, según el Tratado de los Pirineos de 1659.

En aquellas fechas, Martínez realizaba excursiones periódicas por la Albera, por lo que decidió localizar y fotografiar todos los mojones que aparecían en el libro, correspondientes al municipio de Portbou, del cual ya conocía toda la costa, pero no así su montaña. Lo que siguió se convirtió casi en una manía, había algo de la frontera que lo atraía y que tenía que ver, a la vez, con una búsqueda personal.

Mientras hace camino al andar, descubre que la empresa apenas iniciada no será tan grata como imagina, puesto que a la Frontera le parece bien abandonar de vez en cuando el camino marcado por el hombre, para seguir sus propios derroteros. Para localizar todos los hitos fronterizos que le faltaban no bastaría con avanzar siguiendo las indicaciones de las rutas locales. Necesitaría examinar al detalle la cartografía, investigar en la red de redes, explorar arduos senderos in situ y sobre todo andar durante jornadas enteras, bajo condiciones adversas como el calor extremo, el duro frío de los Pirineos en invierno o siendo castigado por la tramontana, con unas ráfagas de viento huracanado que no quieren saber nada ni de estaciones ni de fronteras.

Algunos mojones fronterizos se encontraban, en aquella época, al abrigo de las miradas foráneas, ocultos tras una espesa capa de zarzas y ortigas, o enterrados bajo una manta de hojarasca, ya bien entrado el otoño. No fueron pocas las jornadas de derrota, en que volvía a casa sin haber encontrado nada. Pero al final la empresa no fue en vano.

Cuando completó la totalidad de los hitos fronterizos situados en el término municipal de Portbou continuó con los de Colera, después los de Rabós, y así hasta completar toda la comarca del Alt Empordà, y después prosiguió hacia la Garrotxa y el Ripollès, hasta finalizar toda la frontera de Girona en la comarca de la Cerdaña.

Esta fascinación por la frontera, que empezó como una simple excursión por la Albera, acabó convirtiéndose, según Cayetano Martínez, en su personal «camino de Santiago». Para cada muga había un camino a recorrer, una foto que se convertía en mucho más que un trofeo, un periplo interior de reflexión y conocimiento. El paso siguiente fue volcar el resultado de todo el trabajo que había llevado a cabo en una página web, www.mojonesdelospirineos.com, que hoy en día se puede visitar y que contiene las fotografías y localización de cada uno de los mojones registrados, al margen de otra información relacionada.

Mojones imposibles

El de más difícil acceso es sin duda el 542, situado en el lecho del Riu Major, en un lugar conocido como la Era de les Mongetes, en Albanyà. El itinerario para llegar es muy emboscado y perdedor. «Cuando me disponía a localizarlo no poseía ningún aparato tipo GPS, de forma que tuve que solicitar la inestimable ayuda de Serge Poncet y Jean Iglesias, dos grandes expertos en mojones», comenta Martínez.

«Hay varios hitos que me costaron de localizar, sobre todo porque al principio iba con el plano imprimido en papel y no tenía las facilidades que hay ahora para situarte en un punto geográfico. Recuerdo por ejemplo el 596, situada en el Coll de Tarabaus (Portbou), que al haberse borrado la pintura blanca quedaba muy camuflado con el entorno. Tuve que ir hasta tres veces para encontrarlo. El 543, en la Collada d’en Proi (Albanyà), también me costó bastante, así como el 481, al encontrarse dentro de una propiedad privada y en un lugar invadido por la vegetación. El 467/1 fue particularmente difícil de localizar al encontrarse literalmente enterrado en un campo de ortigas, junto a la vía del tren de Barcelona a Tor de Querol, en Puigcerdà».

Para Martínez fue un momento especial poder llegar a ver en persona la muga 602, situada en el interior de la Cova Foradada, en Portbou. «Conocía gente que había accedido por mar, por tierra es prácticamente imposible, con la ayuda de una barca o remando en una piragua. Yo me acerqué todo lo que pude por tierra, y después me tiré al agua y fui nadando hasta llegar. La sorpresa fue cuando saqué mi cámara de fotos, que llevaba muy protegida —o eso creía yo— y estaba completamente empapada, de forma que no dispongo de ninguna foto de esta muga, de momento…».

¿Qué sentido tiene poner un hito en el interior de una cueva inaccesible, como es la Foradada? Martínez lo explica en el desacuerdo para decidir dónde acabaría la frontera por el lado del Mediterráneo. Al final se decidió colocar el último hito en el interior de esta cueva con dos entradas, de forma que se puede acceder, por ejemplo, por el lado español y salir por el francés, o viceversa.

A día de hoy no hay mojones «tramposos», según señala el experto, puesto que su situación está perfectamente controlada, tanto por las autoridades españolas como por las francesas, mediante los medios más modernos de geolocalización. «Otra cosa es que antaño hubiera algún cambio de posición de hitos, con nocturnidad y alevosía, para obtener con esto algo más de terreno para un uso propio».

«Lo que sí que hay son las excepciones en el Tratado de los Pirineos. La frontera tendría que pasar por el eje de los Pirineos pero esto no es así en algunos casos, como por ejemplo el pueblo de Costoja, el Santuario de la Mare de Déu de les Salines, el Fuerte de Bellaguarda… El más claro ejemplo de estas excepciones es el Valle de Aran, que es español pese a estar situado en la cara norte de los Pirineos». Curiosas son también las mugas que se encuentran en medio del núcleo urbano de El Pertús y el barrio de Els Límits, perteneciente al municipio de La Jonquera, al cual separan en dos. Se puede, por ejemplo, aparcar el coche en territorio francés y bajar del mismo en territorio español.

Algunos mojones se encuentran en lugares históricos relevantes, como el del Coll de Panissars, punto de unión entre la Via Domitia, que cruzaba la Galia hasta llegar a Roma, y la Via Augusta, que cruzaba la Hispania hasta la lejana Cádiz (Gades). Allí se encuentra uno de los mojones más antiguos, una pirámide de 1764. Cuando Marco Noris se propuso el proyecto de retratar cada hito, Cayetano Martínez le resultó de una ayuda indispensable para recorrer el camino. Nadie como él conocía con tanta precisión la localización de cada uno.

El camino de los mojones, que empezó como una curiosidad, se convirtió con el tiempo en toda una experiencia personal. «Si algo he aprendido durante este largo recorrido, en el cual he encontrado grandes amigos como Serge, Eef, Jean, Charles, Josette, Alain-Pierre, Marc, Joan, es que la frontera que antes nos separaba ahora nos acerca», apostilla Cayetano Martínez al final de la entrevista.