Marco Noris, pintor de fronteres

Entrevista de Laia Farrera publicada en catalán en el Diari Jornada el 29 de junio de 2018. Transcripción completa (traducida) a continuación; el original también está en el PDF. La copia en esta web es mi archivo personal.
El verano pasado, el pintor recorrió a pie los 290 km que separan Andorra de Portbou, por donde pasaron los principales caminos del exilio; durante el recorrido, el artista pintó una obra por cada una de las 198 mugas que marcan la frontera, expuestas hasta hace poco en La Capella de Barcelona.
«El proyecto quería hacer visibles las líneas invisibles que unen las mugas»
Explíqueme el proyecto.
Me propuse hacer una travesía de los Pirineos recorriendo el tramo de frontera catalana que incluye los principales caminos del exilio. Quise seguir el tramo oriental justo al límite de lo posible en la línea de frontera y pintar una pieza al óleo, o un dibujo, por cada muga que encontraba por el camino.
¿Qué es una muga?
Son los hitos de piedra que marcan una frontera, en este caso entre España y Francia. La palabra muga tiene origen occitano y etimológicamente significa precisamente frontera.
Pintó muchas…
En este tramo hay 198, y en total, 602. Escogí esta parte porque incluye los principales caminos del exilio republicano y me parecía que históricamente tenía más fuerza.
¿Y qué tienen de especial para que pintara tantas?
Bueno, de hecho no eran exactamente el sujeto del cuadro o del dibujo, sino que eran una excusa para pararme a pintar. Muchas veces sí que las pintaba porque era lo más interesante que tenía delante, pero a menudo me concentraba en lo que podía ver desde el punto en el que me había parado. En otras, llegaba pero me alejaba 30 o 40 metros… y a otras no pude llegar a tocarlas porque era imposible acceder a pie.
¿Por qué las mugas, entonces?
Se me ocurrió a raíz de una propuesta de exposición para un pequeño espacio dedicado al arte contemporáneo en relación con la memoria histórica del Museo de Vic. Entre el material que tenían, me enseñaron un catálogo fotográfico de todas las mugas de la provincia de Girona de Cayetano Martínez. Por otro lado, el espacio donde tenía que exponer era un poco de paso y enseguida me pareció demasiado típico colgar allí un cuadro. Empecé a dar vueltas para encontrar alguna solución que se adaptara al espacio y en el trayecto de vuelta a Barcelona se me ocurrió la idea de la travesía.
La experiencia buscaba conectar con los caminos del exilio. ¿Fue así?
Yo creo que sí. Mientras investigaba cómo relacionarme con el exilio, visité el campo de Rivesaltes, en el sur de Francia, que se abrió a principios de siglo y estuvo abierto hasta el año 2004. Eso quiere decir que acogió a casi todos los refugiados que causaron las guerras del siglo XX. Además, justo en aquel momento se hizo más visible la llegada a Europa de los refugiados de Siria. Entonces intenté crear una poética que fuera lo más universal posible, ya que imagino que desde el punto de vista emocional lo que pasaron los refugiados republicanos es lo mismo por lo que pasaron los refugiados de Siria.
¿El viaje es tan importante como las pinturas en sí?
Sí; de hecho la parte vivencial es probablemente la más importante del proyecto. En la pintura plenaire clásica es muy importante entrar en comunión con el lugar y el momento; en cambio, en este caso no podía elegir dónde pararme a pintar, ya que era la muga quien lo decidía. Podía ser que llegara y me encontrara en una mala situación climática, como tormenta o mucho viento, y en otras circunstancias no habría pintado, porque a menudo no había las condiciones ideales. Pero ese no era el objetivo; el objetivo era el recorrido y crear una película artesana del camino.
La acuarela habría sido más práctica…
Sí. Ocupa poco espacio, poco tiempo, se seca rápido, es fácil de trasladar… Es la pintura de viaje por excelencia y la verdad es que me habría resuelto muchísimos problemas técnicos, pero lo que yo trabajo es el óleo. Es lo que conozco, tengo más variedad de registros y de estilos, me permitía trabajar toda la transparencia y, a la vez, estaba el reto de cómo podía llegar a pintar al óleo en una situación tan inverosímil como esta.
Llegó a inventar su propia infraestructura de pintura al óleo para travesías de montaña.
Sí, en la montaña hay que reducir en volumen y peso en todo, y también lo tuve que hacer con la pintura. Creé un maletín que me permitiera transportar las telas, pequeñas (de 12x17 cm) y que de alguna manera se pudieran secar sin perder demasiado tiempo. El reto era hacer posible pintar al óleo en alta montaña en una travesía de 25 días reduciendo al máximo los momentos de intercambio de material o de dónde dejaba la obra hecha y hacerlo posible. A medida que avanzaban los días, iba encontrando más recursos. Llevaba una mochila delante con los colores y los papeles y otra a la espalda con todo lo demás; los rotuladores y los lápices los llevaba en los bolsillos, y cuando llegaba al lugar, si tenía mucha prisa ni me quitaba la mochila y pintaba de pie porque la propia preparación de la pintura o esperar a que se secaran los pinceles ya suponía mucho tiempo si tenía que pintar muchas mugas en un día.
¿Existen las fronteras más allá de las mugas?
Yo creo que sí. Nos decimos que es una invención humana, pero esta línea invisible al final crea cambios físicos porque los seres humanos los adaptamos a las visiones de cada cual que, al fin y al cabo, quedan condicionadas por estas separaciones administrativas. Al menos yo sí que detectaba cambios a un lado y a otro. De alguna manera, el proyecto buscaba hacer visibles las líneas invisibles que unen las mugas.
- Descarga el PDF: Diari Jornada, 29.06.2018