Dibujar caminando · Barcelona Dibuixa, Museu Picasso

2026

Acción participativa en el Museu Picasso de Barcelona dentro de Barcelona Dibuixa 2026: seis cartografías expuestas como obras inacabadas en una sala del museo, completadas por 520 personas que salieron a dibujar el barrio caminando, sobre un plano de papel y sin trazado previo.

Barcelona Dibuixa 2026 · Museu Picasso de Barcelona e Institut de Cultura de Barcelona

Durante el fin de semana del 17 y el 18 de octubre de 2026, en el marco de Barcelona Dibuixa, una sala de exposiciones del Museu Picasso de Barcelona presentó seis cartografías abstractas como obras inacabadas, cuya conclusión quedaba en manos del público. Participaron 520 personas. Salían del museo a caminar, dibujaban su recorrido sobre la marcha y regresaban a la sala para inscribirlo en los mapas comunes. Al cierre, las seis piezas sumaban 22 metros lineales de papel de 1,5 metros de alto: una cartografía coral del barrio, de autoría distribuida.

Dibujar caminando prolonga la investigación de Marco Noris sobre el caminar como forma de conocimiento y sobre la cartografía como lenguaje, la misma línea que recorre Walking Lines. Aquí, sin embargo, no interviene ningún dispositivo: el registro lo hacen el cuerpo, el lápiz y un plano de papel.

Vista de sala antes de la intervención del público, con dos de las seis cartografías. Dibujar caminando, Museu Picasso, Barcelona, 2026

La obra como umbral

El gesto decisivo de la propuesta es de orden expositivo. Los mapas no se ofrecían como material de taller: ocupaban la sala en calidad de obra. Entrar en ella era encontrarse ante piezas expuestas y, a la vez, recibir la invitación a intervenirlas. En un museo, y en particular en el Museu Picasso, donde la relación con la obra está regida por la distancia, ese permiso rozaba lo prohibido, y en esa tensión residía buena parte de su fuerza. Una hoja en blanco habría invitado a participar; una obra ya empezada invitaba a continuarla. Cada visitante dejaba de ser espectador para convertirse en coautor de una pieza en proceso.

Participantes inscribiendo su recorrido en una de las cartografías. Dibujar caminando, Museu Picasso, Barcelona, 2026
Participantes dibujando al pie de una de las cartografías. Dibujar caminando, Museu Picasso, Barcelona, 2026

La autoría era, además, relacional. Nadie dibujaba sobre un espacio vacío: cada trazo se situaba respecto a los anteriores, los cruzaba, los prolongaba, buscaba sus intersticios o se superponía a ellos. Las seis cartografías crecieron así durante dos jornadas como obras abiertas, sedimentadas capa a capa, cuya forma final no respondía a ninguna voluntad individual.

Un adulto y un niño dibujando juntos. Dibujar caminando, Museu Picasso, Barcelona, 2026
Dos niñas añaden sus trazos a los ya existentes. Dibujar caminando, Museu Picasso, Barcelona, 2026

Dibujar caminando, caminar dibujando

Cada participante salía del museo con una tabla A3 y un plano del barrio, sobre el que dibujaba en tiempo real mientras caminaba. No existía un trazado previo: el dibujo se decidía sobre la marcha. Se dibujaba lo que se caminaba y se caminaba lo que se quería dibujar. En ese vaivén entre la mano y los pies, ninguno de los dos términos gobernaba al otro; la línea resultaba de su negociación.

Tres participantes ante una de las cartografías. Dibujar caminando, Museu Picasso, Barcelona, 2026

La ciudad intervenía también en el trazo. Cada elección de dirección (girar, seguir, cruzar una plaza, adentrarse en un callejón, desandar el camino) era ya un gesto gráfico, y cada obstáculo o apertura del espacio urbano quedaba inscrito en él. El dibujo no se imponía al territorio: surgía de un diálogo con él.

Tomar la calle

Salir del museo para dibujar invierte su lógica habitual. La institución deja de ser un recinto replegado sobre sus colecciones y se convierte en punto de partida y de retorno, en un umbral entre la sala y la calle. Caminar con una intención gráfica altera la relación entre cuerpo y espacio: el trayecto deja de ser la distancia más corta entre dos puntos para convertirse en forma. El caminar opera así como una manera de mirar el mundo y como una forma de agencia: decidir por dónde se pasa, detenerse, desviarse, ocupar el espacio público con un propósito propio.

Vista de sala, con la puerta abierta a la calle. Dibujar caminando, Museu Picasso, Barcelona, 2026

El plano de papel

La cartografía se desplaza aquí de su función científica, la localización, hacia su potencia como recurso creativo. Para una parte del público era, probablemente, la primera vez que sostenía un plano de papel, y la diferencia no es menor. El mapa digital sitúa a quien lo consulta y reduce la ciudad a un trayecto hacia un destino. El de papel exige orientarse y devuelve el barrio entero: lo que queda a un lado, lo que no se recorrerá, lo que pudo haber sido otro camino. Restituye el contexto, no solo el destino.

Una participante dibuja sobre su plano de papel. Dibujar caminando, Museu Picasso, Barcelona, 2026

Sobre ese soporte, el dibujo no indica dónde se está, sino cómo se ha estado: por dónde pasó cada cuerpo, dónde se detuvo, dónde decidió cambiar de rumbo. El resultado no es un mapa funcional, sino un mapa sensible.

La experiencia tiene continuidad en El dibujo como herramienta de aprendizaje, la sesión del curso para docentes de Barcelona Dibuixa.edu en la que Marco Noris participa el 5 de noviembre de 2026, en el mismo museo.

Ficha

  • Fechas: sábado 17 de octubre de 2026, de 16:00 a 20:00 h, y domingo 18 de octubre, de 10:00 a 14:00 h
  • Lugar: Museu Picasso de Barcelona
  • Marco: Barcelona Dibuixa 2026, organizado por el Museu Picasso de Barcelona y el Institut de Cultura de Barcelona (ICUB)
  • Concepción y conducción: Marco Noris
  • Participación: 520 personas
  • Resultado: seis cartografías colectivas, técnica mixta sobre papel; 22 m lineales × 1,5 m en total