Poblenou

Escribí estas notas en 2015, durante mi residencia en Hangar —en el corazón del propio Poblenou—, para Paulina, una artista chilena que acababa de llegar y necesitaba situarse en el territorio antes de empezar a trabajar.

La transformación de Poblenou viene de lejos y sigue el proceso de renovación que ya había transformado los barrios costeros de la ciudad en las décadas anteriores.1
Yo empecé a moverme por Poblenou a finales de 2004 y muy pronto aprendí a apreciar la belleza decadente de este barrio; decadente pero auténtico, algo cada vez más difícil de encontrar hoy en día. A pesar de ello, Poblenou necesitaba una intervención por parte de la administración. El barrio llevaba décadas olvidado y abandonado: paro, falta de servicios, fábricas cerradas, solares vacíos, coches quemados… escenas difíciles de imaginar hoy. La renovación era necesaria, pero ha estado marcada por la especulación y por la falta de amor hacia el pasado industrial de la ciudad. El proceso especulativo ha golpeado a las clases más pobres del barrio, dejando sin casa a muchas personas, con o sin familia. También desaparecieron muchos pequeños artesanos y actividades familiares, así como decenas de talleres para artistas, grandes y pequeños.

En los procesos de gentrificación, los artistas son los primeros en tener que irse, igual que fueron los primeros en llegar y abrir camino. Hoy en día es muy difícil para un artista encontrar taller, no sólo por los precios elevados, sino también por la falta de voluntad de los propietarios: muchos prefieren no rentabilizarlos y dejar los locales vacíos, probablemente a la espera de que el proceso especulativo, bloqueado por la crisis, vuelva a reactivarse. No sólo fue un drama humano, sino también un desastre urbanístico: en el proceso se ha perdido casi todo el patrimonio arquitectónico industrial del barrio2 (a Poblenou lo llamaban «la Manchester de Catalunya»3, y eso define bien su valor industrial) y se ha desperdiciado la posibilidad de transformar la decadencia en belleza. Mientras que para nosotros, los recién llegados, el resultado fue un desastre, para muchísimos de los antiguos habitantes que vivieron la decadencia y el abandono del barrio fue una resurrección. Playas, descontaminación, servicios, vida, limpieza: a pesar de todo, fue un renacimiento.

Con el renacimiento llegó el turismo, y con el turismo, el aumento de los alquileres y la inversión privada extranjera. Compra de fincas, pisos turísticos, hoteles y más hoteles. El proceso ha sido rápido y va en aumento. El turismo en Barcelona es un problema desde hace tiempo: la ciudad está explotando y necesitaba expandirse para mantener la oferta. Hoy en día, en Poblenou ya están sonando las alarmas, porque el tsunami turístico ha llegado y los vecinos están en pie de guerra. Todavía desconozco si estamos a tiempo de impedir el saqueo y la destrucción de la singularidad del barrio. Lo que sí es cierto es que la única manera de frenarla (¿o de frenarlo?) es resolver el problema de raíz y replantearse el turismo en Barcelona.

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  1. La renovación de los barrios costeros que precede a la de Poblenou arranca con los Juegos Olímpicos de 1992: el plan reordenó todo el frente marítimo entre la Barceloneta y el Poblenou, descontaminó los suelos, soterró las vías del tren de la costa y creó playas —con arena traída de fuera— y la Vila Olímpica sobre antiguo suelo industrial. Véase Comité Olímpico Internacional, «Barcelona 1992: a city turning towards the sea» (olympics.com). 

  2. Matiz histórico: la pérdida fue grande, pero no total. El plan 22@ se aprobó como Modificación del Plan General Metropolitano el 27 de julio de 2000; en 2006 el Ayuntamiento incorporó 114 elementos y conjuntos industriales al Catálogo del Patrimonio de Barcelona. Aun así, vecinos y especialistas denunciaron la demolición de numerosas naves y chimeneas no catalogadas. Véase Ajuntament de Barcelona (MPGM 22@) y M. Checa-Artasu et al., «Poblenou i la reconversió de les fàbriques», Icària. Papers de l’Arxiu Històric del Poblenou, núm. 4 (2000) — ficha relacionada

  3. El sobrenombre documentado es «el Manchester català» / «la Manchester catalana»: aludía a la enorme concentración de industria textil —sobre todo algodonera— y al fuerte movimiento obrero del barrio desde mediados del siglo XIX, por analogía con la ciudad inglesa. Véase «Poblenou, la Manchester catalana» (barcelonamemory.com) y «El patrimoni industrial del Poblenou» (El Globus Vermell).