El Siurana: anatomía de una extracción

Juicio Siurana mobilización

El próximo 27 de marzo comenzará la ruta de mi proyecto La vora oberta (La orilla abierta). Para contextualizar, he sintetizado el contenido de un par de fuentes documentadas, con el objetivo de acercar el conflicto a quienes no lo conocen.

El río Siurana es la columna vertebral del Priorat, tanto que en la reorganización territorial de la Segunda República, en 1936, se propuso que la comarca se llamara precisamente “Conca del Siurana”. Sin embargo, desde hace casi un siglo, la mayor parte de su caudal no llega al mar: un sistema de trasvase construido en los años 30 desvía sus aguas hacia el Baix Camp (Tarragona). Lo que empezó como una solución hidráulica se ha convertido en un conflicto territorial que va mucho más allá de la ingeniería.

La vora oberta (La orilla abierta) comienza con una travesía a lo largo del río Siurana, desde su nacimiento en las Montañas de Prades hasta su confluencia con el Ebro. El proyecto aborda el trasvase de agua hacia Riudecanyes como una herida territorial y simbólica que vacía el curso natural del río y lo convierte en un cuerpo extraído. Con el soporte de Terra d’Art / Premio Isabelle Meyer 2025.

Importante

Este jueves 12 de marzo de 2026, dos activistas de la Plataforma pel Riu Siurana se sientan en el banquillo de los juzgados de Reus. El cargo: usurpación de aguas. La pena que se les pide: más de cuatro años de prisión y más de 7.000 euros de multa. El motivo de fondo: haber devuelto al río, durante unas horas, el agua que lleva décadas siendo desviada.

Un problema que viene de lejos

Todo comenzó con el pantano de Riudecanyes. Construido en 1916 en el Baix Camp, resultó pronto insuficiente para abastecer la agricultura y las ciudades de la zona —especialmente Reus—. La solución que se encontró fue mirar hacia la cuenca vecina: el Siurana, un río que nacía en otra comarca.

En 1926 el Estado español aprobó un proyecto para derivar agua del Siurana hacia Riudecanyes mediante un canal de 21 kilómetros y un túnel de 9 que atraviesa la sierra que separa ambas cuencas. Las obras arrancaron en 1935. En 1971, para reforzar el sistema, se construyó la presa del Siurana. El resultado es un sistema hidráulico interconectado que hoy sigue funcionando exactamente igual: el agua del Priorat viaja hacia el Baix Camp.

¿Cuánta agua se va realmente?

Los datos son elocuentes. En una medición reciente en el punto de derivación, el río circulaba con 304 litros por segundo. De ese caudal, 244 litros —aproximadamente cuatro quintas partes— se desviaban fuera de la cuenca. Solo 60 litros continuaban su curso natural por el Siurana. Hay momentos en que apenas el 10% del agua se queda en el río.

La concesión original justificaba el trasvase hablando de “aguas sobrantes”. Pero ¿puede un río tener aguas sobrantes si se seca todos los veranos? Muchos expertos y colectivos ambientales llevan años cuestionando esa definición.

Un río que enferma

Las consecuencias ecológicas son visibles. La reducción del caudal ha hecho desaparecer pozas y pequeños reservorios naturales que eran esenciales para la fauna. La vegetación invasiva ha colonizado el lecho del río. Las avenidas estacionales —necesarias para renovar el ecosistema— ya no ocurren con la frecuencia necesaria. Y el Siurana, que históricamente nunca llegaba a secarse por completo, ahora lo hace con regularidad cada verano.

El caudal ecológico mínimo fijado por la Agència Catalana de l’Aigua es de tan solo 20 litros por segundo, una cifra que contrasta con los 200 l/s previstos en la concesión original y que muchos consideran insuficiente para mantener vivo el río.

El juicio: quién acusa y a quién

En 2017, unas cincuenta personas llevaron a cabo una acción simbólica en la presa del Siurana: durante unas horas, devolvieron al río el agua que el sistema de trasvase le sustrae cada día. Fue una protesta pacífica. Años después, dos de sus portavoces —Andreu Escolà y Anaïs Estrems, del GEPEC-EdC y la Plataforma pel Riu Siurana— son juzgados por ello.

Quien los denuncia es la Comunitat de Regants del Embassament de Riudecanyes, la entidad privada que gestiona el agua pública derivada del Siurana. El cargo formal es usurpación de aguas. La paradoja es difícil de ignorar.

Una de las personas acusadas lo describe así, con toda la crudeza del caso: “La justicia dedica horas a perseguirnos mientras año tras año continúa un trasvase entre cuencas que va en contra de la normativa marco del agua de la Unión Europea.” Y añade: “Los que hacen negocio con un bien público esencial dicen que tenemos que ser generosos. Y nos lo dicen mientras secan nuestra comarca, dejándonos sin el poco agua que tenemos y llenándose los bolsillos haciéndolo.”

El juicio, que debería haberse celebrado en junio de 2023, ha acumulado cuatro aplazamientos a lo largo de tres años. Finalmente, se celebrará el jueves 12 de marzo de 2026 a las 9:30h en los juzgados de Reus. La Plataforma pel Riu Siurana pide apoyo ciudadano a las puertas del juzgado.

Más información en el artículo de GEPEC: El riu Siurana a judici.

La pregunta de fondo: ¿justicia hídrica?

El conflicto del Siurana no es solo técnico. Es también político y territorial. El Priorat es una comarca con escasos recursos y poca capacidad de influencia institucional. El Camp de Tarragona, con más peso demográfico y económico, ha podido históricamente garantizarse el acceso a un recurso que, sin embargo, nace en territorio ajeno.

Este tipo de desequilibrios entre cuencas está en el centro del debate europeo sobre gobernanza del agua. Cada vez más, los modelos de gestión hídrica apuestan por priorizar la sostenibilidad ecológica de los ríos, respetar caudales ambientales mínimos reales y equilibrar las necesidades entre territorios. La Directiva Marco del Agua de la UE, de hecho, establece obligaciones claras en este sentido, y numerosas voces señalan que el trasvase del Siurana las incumple sistemáticamente.

¿Tiene solución?

Sí, o al menos hay alternativas serias sobre la mesa. Los estudios técnicos apuntan a la reutilización de aguas depuradas —especialmente de la depuradora de Reus— como la vía más viable para reducir la dependencia del trasvase. Se estima que la regeneración de aguas residuales podría aportar entre 4 y 6 hm³ anuales para riego, un volumen equivalente o superior al que hoy se extrae del Siurana. A eso habría que sumar mejoras en la eficiencia del riego y el aprovechamiento de otras fuentes ya disponibles en el Camp de Tarragona.

El conflicto del Siurana es, en definitiva, el resultado de decisiones tomadas hace casi un siglo que hoy se topan con una nueva realidad: el cambio climático agrava la escasez hídrica, y lo que antes podía parecer un intercambio razonable entre territorios exige ahora una revisión honesta. Mientras esa revisión no llega, dos activistas se sientan ante un juez por haber hecho, durante unas horas, lo que la naturaleza lleva décadas reclamando: dejar que el río fluya.

Fuentes