Mi proceso pictórico trabaja con los procesos naturales: el agua, los pigmentos y sus procesos físicos. No impongo una forma; desaparezco, acompañando e interviniendo en un juego paciente de caos y control, de control y caos, hasta el cumplimiento de la obra. Lo mismo vale para el trabajo educativo: acompañar hasta el final sin que el docente se vislumbre.