El hecho de pintar

Por Carlos Puyol

Después del desmantelamiento de los géneros y jerarquías del arte moderno ocurrido en los 60 fue bastante común que, durante los 70 y 80, los pintores sintieran la presión de justificar la elección del medio. La práctica pictórica trabajó entonces desde la ironía hasta la expansión de sus límites fuera del bastidor. Ya llegada la década del 2000, era ampliamente aceptado que la pintura podía ser conceptual y hasta un medio de crítica institucional.

El trabajo de Marco Noris se enmarca en esta concepción expandida de la pintura. Si bien, en sus proyectos del 2017 “En Frontera” y 2018-2019 “La Entrega”, Noris utiliza la pintura como registro de su caminar, de su conexión con el paisaje y su historia, en esta muestra vuelve a la pintura en su sentido más ortodoxo y propone una exposición con varios niveles de significado que van y vienen entre la tradición y la fluidez contemporánea (Bauman).  

Desde mi punto de vista, el título de la exposición es ya una primera pista sobre esta pluralidad de contenidos que connota su trabajo. “Nel lieve sovrapporsi di cielo e terra” es pura poesía. Es larga y conocida la asociación entre poesía y pintura. Desde el “ut pictura poesis” de Horacio hasta Umberto Eco se han escrito numerosas especulaciones sobre la relación entre poesía y pintura. A lo largo del tiempo estos dos sistemas de signos –la palabra vs el color y su materialidad– rivalizaron por su capacidad de conmover y comunicar a nuestro mundo sensible más profundo. Pero si bien el carácter poético del título me retrotrae a la tradición pictórica, también me transmite a la vez, una frágil e inestable pertenencia a dos mundos diferentes (cielo y tierra) y me informa sobre la ambigua situación de los pintores en el contexto artístico actual. Pareciera que los pintores tienen esta extraña pertenencia a la tradición –por el medio– y, a la vez, son una suerte de mensajeros de “contenido sensible” en el seno de la investigación especulativa y discursiva del arte contemporáneo.  

Dejando a un lado el título y adentrándome ya en la obra expuesta, miro sus trabajos y vuelvo a sentir la ambigüedad y la fragilidad. Noris pinta al óleo y sus composiciones son una suerte de paisajes abstractos. Pueden sentirse líneas de horizonte, caminos nocturnos, montañas y colores que sintetizan y transmiten un clima cerrado de nubes amenazantes. Pero mi plácida percepción se ve turbada cuando descubro que los soportes de estas pinturas son trozos  madera  extraídos de unas ruinas del siglo XIX; cartones encontrados en la calle y pegados de tal forma que parecen acordeones de diferentes medidas y para finalizar, trozos cortados de antiguas pinturas que Marco ha superpuesto, yuxtapuesto y combinado con diversos elementos, formando verdaderos artefactos pictóricos. ¿Es esta una exposición de pintura? Sí, lo es. Hay óleo, hay paisajes abstractos pero también es una poderosa revitalización del medio. La exposición es pintura HOY. Es la pintura despojada de su cetro, de sus cánones composicionales y técnicos. La pintura se muestra crudamente. Es inevitable la asociación al arte povera  y “su compromiso con la contingencia, con el acontecimiento, con lo ahistórico, con el presente y la posibilidad de desembarazarse de cualquier discurso visualmente unívoco” según palabras de Germano Celant. La muestra es una experiencia cromática que transmite claramente, desde mi punto de vista, un tema que Marco ya ha desarrollado en otra exposición y es parte de sus preocupaciones: El triunfo de la derrota. 

Y aquí otro nivel de significado. La crudeza, la pobreza, lo roto, lo quemado, un mundo real que se vive como despojo, una fisicalidad que se vive como poco fiable, la lentitud percibida como aburrimiento en un mundo que privilegia la asepsia, la velocidad y el aislamiento. La habitación-instalación de la sala lateral realizada con desechos, papeles y restos de telas pintadas, refuerza esta asociación con lo pobre, con la fragilidad y la contingencia del pintor. La exposición mantiene la fidelidad al medio para expresar el mundo contemporáneo y el tropos pictórico del vitalismo:  la pintura contiene un trozo de vida del artista y lo hace presente en su ausencia – la habitación pareciera estar todavía, habitada por un pintor.

La pintura de Noris es una clara demostración de todas las preocupaciones que vivimos hoy, de nuestras dudas respecto al futuro, de nuestra fragilidad, de nuestro fracaso como sociedad y de la fuerza y profundidad del medio para expresar una coyuntura histórica. 

Carlos Puyol (2020)

Nel lieve sovrapporsi di cielo e terra

Por Francesco Giaveri

Nel lieve sovrapporsi di cielo e terra1
Del 15 de septiembre 2020 al 20 de noviembre 2020, Piramidón, Barcelona

Como en un viaje, hay etapas. Como en el camino, hay una meta hacia dónde nos dirigimos. Pronto el viajero se da cuenta que no hay un refugio cierto sin salida. Y que todos los sueños se desvanecen en el aire. Cada encrucijada, sólo un nuevo comienzo. Siempre mañana, y nunca mañanamos. 

Donde habita el horizonte, hay una línea que escapa continuamente a quienes pretenden cazarla. Lo que no se puede definir, se hace metáfora: un lugar de ensueño. Para abarcar, o solamente representar, aquella superposición ficticia, es menester mantener una distancia. Recorremos este vacío, una separación hueca, con nuestras idas y venidas. En este trajín nos convertimos en paisaje ruinoso, en perenne transformación. 

Camino a lo indecible, nos encontramos con restos: sutiles papeles, lienzos raídos, cartones pegados, pieles tatuadas y maderas antiguas. Velos que como capas de pintura se sobreponen levemente para describir un lugar donde la unidad y sus fragmentos conviven, donde la afirmación entra en crisis y la precariedad se hace fuerza. Es ahí donde los signos mudos tejen un relato, donde espectador y paisaje se sobreponen. Estratos sutiles, veladuras de pigmentos buscan, poco a poco, paso a paso, atar el cielo a la tierra, la acción a la contemplación. 

Es otra metáfora, otro sueño en ruinas. Y sin embargo, bien merece la pena aventurarse, aunque sea para naufragar en el intento; cualquier meta que esté al otro lado, una vez abandonada la certeza sosa de la orilla, compensa el esfuerzo. Un sendero transitable hecho de pintura, una ficción táctil que se nutre de tierra y de aire, aproxima lo que nunca se sobrepone aunque parece tocarse. La primera exposición individual en Piramidón de Marco Noris (Bergamo, Italia, 1971) nos guía hacia este lugar metafórico, indecible, situado entre las ruinas y el vacío. 

“La condición de exilio de la metáfora, en un mundo determinado por la experiencia disciplinada, resulta tangible en el malestar que provoca todo aquello que no corresponde al estándar de un lenguaje que tiende a la unicidad objetiva. Entonces se califica en la tendencia opuesta como estético: este atributo otorga la definitiva, y por tanto totalmente desinhibitoria, licencia de ambigüedad”2, así Hans Blumenberg a propósito de la metáfora. 

Las obras recientes de Noris se nos presentan como fósiles que nos guían por un horizonte en ruina. Se trata de pieles amontonadas, estratos sucesivos y ambientes contiguos. De estas series se desprende una profunda quietud, en las ruinas se descubre una esperanza con la que ya ni siquiera creíamos poder soñar. 

Las superficies reflectantes y bien acabadas del mundo contemporáneo aspiran a la máxima transparencia. La característica más preocupante de esta tan ensalzada transparencia (en la política, en lo social y también en el arte), es la ausencia de hueco y de ambigüedad. Afortunadamente, la pintura de Marco Noris atenta contra toda transparencia, articula una ambigüedad sin fin, es un fósil que oculta su origen. 

Esta exposición es una huída en el tiempo para que volvamos al presente con ganas  de derribarlo. Porque todo es precario.

Para acotar la distancia entre la superficie y el hueso (cfr. la esencia de las cosas), Marco Noris propone en este proyecto una arqueología personal, un trabajo de revisión, proceso casi ecológico, que recupera lo precedente para someterlo a transformaciones continuas. Acumula, organiza, ata sus obras y las usa como material para otras propuestas. Lienzos, papeles y cartones soportan tierra y experiencia halladas por el camino; lo anterior se aprovecha para trazar mapas del futuro, como pieles que llevan impresos recuerdos imborrables de una meta inalcanzable. La de Noris es una arqueología personal que apela a un horizonte compartido.

El refugio al que cualquiera anhela durante su viaje, una vez alcanzado, se derrumba, cae en pedazos. Y vuelta a empezar, hacia otro horizonte (siempre el mismo, nunca igual). El musgo cubre la ruina y brota un nuevo paisaje. No quise, pero este texto me lleva a ello. Será porque también está escrito entre los escombros de un mundo enfermo que sigue su rumbo tozudo, sin cambiar sus venenosos y contaminantes hábitos. Decía, no quise incluir una cita de Goethe porque no creo que lo sublime tenga cabida en lo que nos rodea, aquello era otro sueño. Quise evitar también dicotomías, dualidades, oposiciones, blanco y negro, bueno y malo para huir de la visión colonialista y depredadora de occidente, del origen…

Aún así quizá valga la pena detenernos con los ojos puestos hacia un horizonte metafórico y volver a escuchar lo que Goethe escribió en su momento. Según el poeta alemán, el ser humano lleva una doble vida, una concreta y otra abstracta. En la primera “está abandonado a todas las tempestades de la realidad, a la influencia del presente: tiene que luchar, sufrir, morir como el animal”. Pero en la otra, está separado de “todo lo que allí le posee y agita”; desde esta distancia “es un mero espectador y observador”3. Diríase que es, otra vez, el trillado dualismo entre vida activa y contemplativa. Sin embargo, plantearlo ahora es pertinente, después de meses de confinamiento, mientras trato de hilar las obras y el tono del proyecto expositivo de Marco Noris. Lo figurativo, lo abstracto, el fragmento, la unidad, la ruina, lo monumental, la tierra y el cielo…

Se trata de una exposición de pintura que ha surgido cuando viajar estaba prohibido y el horizonte se podía contemplar desde un solo punto de vista, el de un estudio, un par de plantas más abajo de la actual exposición. Quizá por este motivo, las obras de Noris me provocan un sentimiento de amplitud, de contemplación prolongada; como si esta exposición fuera metáfora de una indecible esperanza de lo que podría ser y suceder si no rompemos, ciegamente, todos los puentes con el pasado. ¿Quizá dejar atrás lo normativo y salir hacia el mar abierto del cambio social? Una aventura que nunca será individual (lo personal es político).

Sus cartones, lienzos, papeles reclaman una distancia del trajín cotidiano. En estos  tiempos sombríos, de acción ciega caiga quién caiga, su propuesta anhela detenernos para mirar un horizonte común. Si en la primera sala de la izquierda, lugar obscuro y casi tétrico, encontramos el giaciglio [yacija] del artista, fusión de arte y vida, precariedad y fuerza, al fondo de la sala principal, un cartón ondulado pintado con un azul claro lleno de luz, nos acompaña hacia un posible cambio, hacia algo mejor que una cura: una solución. ¿Es un  nuevo horizonte la solución? En 1967, con un actitud militante y llena de esperanza, Germano Celant escribe, en sus apuntes para una guerrilla (el arte povera), unas frases que bien podrían servir de colofón a esta exposición: “un’imprevedibile coesistenza tra forza e precarietà esistenziale che sconcerta, pone in crisi ogni affermazione, per ricordarci che ogni ‘cosa’ è precaria, basta infrangere il punto di rottura ed essa salterà. Perché non proviamo col mondo?”4 .

En las obras de Noris, los soportes parecen determinar las formas; una espiral hecha con tiras de lienzos descansa en una peana. Fragmentos dispuestos en sucesión, anclados a la pared. Prevalece un tono oscuro con algún que otro destello de luz; abundantes pliegues, casi flotantes, unos sobre otros. Si el mundo es todo lo que sucede, este pintor expone ahora las huellas de un viaje, fragmentos de una ruina que incluye todo; perdidos en sus estratificaciones, nosotros, los espectadores, estamos llamados a contemplar el futuro como si de un hígado de cordero se tratara. 

El arte siempre debería ser arte adivinatorio, hablar del futuro. La metáfora ha sido exiliada del terreno del saber objetivo. La pintura no conduce a la univocidad objetiva. Aquí no hay conceptos sino evidencias de un trajín que aún no ha llegado a puerto. La pintura se hace eco de las sensaciones de una contemplación táctil. Tantas capas se apilan una sobre otra, hasta que la tierra toca finalmente el cielo. 

Como ya insinué, tengo la impresión de que el título de esta exposición de Marco Noris sea una metáfora. Pero no estoy seguro. No tanto porque esté escrito en otro idioma, se entiende fácilmente. Debe ser una metáfora porque describe un lugar que no existe. Y, si existiera, no se podría reducir a concepto, a certeza objetiva. El horizonte es un espacio indescifrable. El horizonte no es una línea. El cielo y la tierra no se tocan. Ni se acercan, aunque lo parezca. ¿Dónde podemos encontrar aquella comparación tácita que hace la metáfora? Está en estas pinturas, con sus texturas, sus materiales, sus soportes. 

Este proyecto plantea la imposibilidad de definir de manera objetiva el frágil e ilusorio acercamiento de la figuración con la abstracción, de lo que se toca con lo que se ve. Sus obras quedan en un horizonte que parece fundirse, levemente, casi sobreponerse. Pero este encuentro no se celebra. O quizá sí, se unirán cuando por fin logremos abandonar las dicotomías del pensamiento binario y opositivo. 

Francesco Giaveri, 2020

ERRANT. Itineraris d’Art i Pensament 2020 • De 18/9/20 a 27/9/20

Del 18 al 27 de setembre de 2020 participaré en el festival ERRANT amb la instal·lació Pells a l’església romànica de Barruera.

Pells (Instal·lació)

Pells té el seu origen en la travessa que l’artista va fer des de Barcelona fins a Ferrera, al Pallars Sobirà. És una instal·lació a mig camí entre la pintura i l’escultura que, un cop dins l’església romànica de Barruera, es configura com una sort de retaule que accentua així el seu component sagrat del caminar i la muntanya.

Visita guiada a l’obra de Marco Noris i a l’església

Lloc: església de Sant Feliu de Barruera
Dia: 20 de setembre de 2020
Hora: 11 h
Accés a la visita amb inscripció gratuïta (vàlida només per al dia 20)

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Solo show “Nel lieve sovrapporsi di cielo e terra” – 15/9 Piramidón, Barcelona

El próximo 15 de septiembre se inaugura “Nel lieve sovrapporsi di cielo e terra”, mi primera exposición individual en Piramidón, Barcelona.

La curaduría de la exposición es de Francesco Giaveri.

Del 15 septiembre 2020 hasta el 20 de noviembre 2020.
Inauguración (Covid free) martes 15 de septiembre a las 19.30 h.

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Art and Memory – On the Border, MuME – Museu Memorial de l’Exili

To both be and make a border is the primary motivation of this artistic project by Marco Noris. The artist spent almost a month walking the line of the border in the Pyrenees from Andorra to Portbou. An invisible geographic line that is the product of a superimposed layer of historical events, which is made visible through the hundreds of milestones (mugues) that delimit the separation between the countries.

Marco Noris’ itinerary has a pronounced experiential character manifested by the exercise of painting in the open air. In this sense, what apparently seems a playful and contemplative attitude of the artist in relation to the landscape, becomes an action that assumes the form of a critical inventory of the fact of the border and everything related to it: refugees, exile, exclusion, marginalization. In other words, the distance, fatigue and weather conditions experienced by the artist himself acquire an allegorical configuration that refers to all those unfortunate souls of yesterday, today and the future.

These drawings made in situ during the trip, which may be understood as something between a personal diary and a notarial record reaffirming the line of the border, evoke the artist’s visual and emotional connection with a context both inhospitable and fascinating, thereby developing an entirely new setting for memory.

Jordi Font Agulló
Director of MuME

Art and Memory. Marco Noris, “On the Border”
From October 28, 2017 to January 28, 2018

Museo Memorial del Exilio (Exile Memorial Museum), c / Mayor, 43-47, 17700 – La Jonquera (Spain)

Tuesday to Saturday, from 10 am to 6 pm and Sundays and holidays from 10 am to 2 pm.
Closed Mondays except holidays. For Christmas holidays the museum is closed on January 1st and 6th and December 25th and 26th and on December 24th and 31st it is open from 10am to 2pm.

Flyer MUME

MuME

It wasn’t the sun, Marco Noris solo show at Trama Gallery

“Entitled No era el sol [It wasn’t the sun], the exhibition showing a lot of Noris’ work developed around the disappearance in the mass graves, the cruelty of borders, the civil war, exile and uprooting, as well as environmental matters using metaphors for both our material and moral ruins, and readings at a more introspective level as a first and unavoidable step towards accepting denial and shadow to deal with the escalation in technology, excessive consumption and entertainment that blinds us all.”
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“(Un)refuges” solo exhibition by Marco Noris at the Roman Temple of Vic

The series of paintings that Marco Noris is presenting at the Roman Temple is the first result of his work about exile and rootlessness; a journey between past and present, historical memory and contemporary migration policies.

From November 23, 2016 until January 1, 2017.
Opening: Friday, November 25 at 7pm
Temple Romà – Carrer Pare Xifré, Vic (Barcelona)

+ info: www.viccc2016.cat/novembre/inrefugis-de-marco-noris

(Thanks to Miquel Bardagil and Marta Huguet)

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