Lugares remotos

Por Ramón Sarró.

Tal vez algunos lectores piensen, intuitivamente, que por lugar remoto me refiero a un lugar lejano. No exactamente: como nos enseñó Edwin Ardener, autor de un inspirado texto sobre las áreas remotas, la distancia y lo remoto son dos cosas distintas. Un lugar remoto, escribía el profesor de Oxford, no es un lugar que esté muy lejos, sino uno que no tiene continuidad con el lugar vivencial, con la Lebenswelt en que estamos instalados. Podríamos dividir los lugares del mundo en empíricos y remotos. Los primeros son los lugares en que estamos instalados o podríamos estarlo, que tienen continuidad con nuestro cuerpo, están a la izquierda, o a la derecha, o arriba, o abajo, o delante, o atrás. Son lugares en los que estamos, o por lo menos a los que podemos ir y que sabríamos buscar en un mapa.

(…) Lo remoto es aquello que ni siquiera sabríamos buscar en un mapa: Xanadú, la Atlantida, el Edén, el País de Nunca-Jamás, la Isla de las Aventuras. Utopía. Lo remoto es el mundo en el que no estamos instalados (ya no o todavía no), en el que soñamos y que tan importante es para nuestra existencia que a menudo nos parece como teniendo más fundamento que el mundo experimentado, pálido reflejo de lo remoto: “Buscas en Roma a Roma, ioh peregrino!, y en Roma misma a Roma no la hallas”, escribía Quevedo. Igualmente podríamos decirle al turista que vuelve decepcionado de su viaje a África que “Buscas en África a África, i oh turista!, y en África misma a África no la hallas”.

Ramon Sarró, es licenciado en Filosfía por la Universitat Autònoma de Barcelona y doctor en Antropología Social por la Universidad de Londres.