Statement | El triunfo de la derrota

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El triunfo de la derrota

La negación de lo oscuro y de lo mortal es una característica de nuestra época. Rodeada de grietas y ruinas, incapaz de enfrentarse a su miedo, la soñolienta humanidad ultraliberalista, a través de una escalada tecnológica, busca refugio en el consumo y en el entretenimiento. Por este motivo decidí explorar, a través de la pintura, los incómodos y trágicos territorios de la negación y de la sombra. 
Fosas comunes, violadores apaleados, accidentes, desechos y vertederos; víctimas policiales, efigies derrumbadas, prófugos y mutantes… mi obra es un prontuario del hundimiento, un compendio de ruinas materiales y morales. En este contexto entonces se puede considerar (In)refugios, mi proyecto sobre exilio y desarraigo nacido de los restos de un antiguo campo de concentración y que habla de memoria y de olvido y del aniquilamiento del ser humano, de su identidad y de sus valores.

Desde entonces y hasta hace muy poco, estaba convencido que la ruina era el concepto principal alrededor del cual he ido construyendo mi imaginario. Ha sido más recientemente que pude darme cuenta que en realidad la ruina no era el fin último de mi investigación, sino un medio para alumbrar el oscuro camino de la derrota. 
La derrota tiene aquí dos vertientes. De un lado, la trágica: la derrota histórica (Benjamin, Agamben, Pasolini, etc.), y con ella la política, moral y medioambiental. Por otro lado, en la esfera de lo individual podemos también incluir la derrota íntima, intrínseca a la existencia humana. La derrota del individuo y su concatenación de rendiciones nos lleva a la vertiente sublime de este camino, adonde hay la celebración del derrotado, condición que requiere la fuerza del valiente. Por último, en la cima de este recorrido, está la derrota del ego, etapa final de este camino y quizás, el comienzo de lo que vendrá después.

Más allá de algunas incursiones en el mundo de la fotografía, del collage, de la instalación y del vídeo, mi práctica se desarrolla principalmente en el campo de la pintura. Encuentro el lenguaje pictórico un medio ideal para manejar lo emocional sin descuidar lo intelectual. Los códigos visuales tradicionales – casi arquetípicos – de la pintura al óleo me permiten penetrar en la conciencia del espectador, haciéndola así bascular entre el presagio y el duelo. En esta distorsión temporal, escenarios post-apocalípticos, ruinas del pasado, vislumbres de futuros desastres y memorias de tragedias se confunden y entrelazan conformando así una genealogía cíclica de la catástrofe, en el centro de la cual se encuentra finalmente el espectador, solo en frente de su mortalidad.

Marco Noris, enero 2017